Decidí que no escribiría nada hasta que hubiera algo por lo cual valiera la pena hacerlo: mi experiencia más espantosa en la Ciudad de México. Ya pasaron varias horas pero aún sigo en shock, queriéndome enroscar en bolita en mi cama porque QUÉ DEMONIOS PASA CON EL MUNDO. Agh. AGH.
El día de hoy era uno importante para mí. Tenía por la mañana una entrevista de trabajo (la primera en mi vida, nótese), y tenía mis tiempos bien calculados. Salí desayunada de mi casa, bien arreglada, con las horas suficientes de descanso... encaminada hacia la universidad porque había quedado de verme con una amiga para irnos juntas con la entrevistadora (ella fue quien me enchufó con el trabajo), y, hasta ese entonces, todo iba a la mar de bien.
Porque con el tráfico nunca se sabe y ahora sí que no podía tomarme el lujo de los 15 minutitos de retraso, tomé un taxi para llegar extra-temprano a la universidad. Siempre me voy en camión, pero hoy, hoyyyyyyyyy, no sé por qué demonios se me ocurrió que podría irme en taxi.
NO DEBÍ HACERLO.
El día de hoy era uno importante para mí. Tenía por la mañana una entrevista de trabajo (la primera en mi vida, nótese), y tenía mis tiempos bien calculados. Salí desayunada de mi casa, bien arreglada, con las horas suficientes de descanso... encaminada hacia la universidad porque había quedado de verme con una amiga para irnos juntas con la entrevistadora (ella fue quien me enchufó con el trabajo), y, hasta ese entonces, todo iba a la mar de bien.
Porque con el tráfico nunca se sabe y ahora sí que no podía tomarme el lujo de los 15 minutitos de retraso, tomé un taxi para llegar extra-temprano a la universidad. Siempre me voy en camión, pero hoy, hoyyyyyyyyy, no sé por qué demonios se me ocurrió que podría irme en taxi.
NO DEBÍ HACERLO.
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